sábado, 22 de septiembre de 2012

"Dredd 3D": Una adaptación no tan fiel

El expeditivo Juez Dredd de los comics,
ilustrado por el gran Brian Bolland.

El Juez Dredd es un personaje de cómic británico creado por el guionista Alan Grant y el dibujante español Carlos Ezquerra para la revista 2000 AD. Es todo un icono popular en el Reino Unido, pero fuera de sus fronteras no ha tenido el mismo predicamento.
Se trata de un antihéroe que habita en un futuro apocalíptico donde la población malvive hacinada en megalópolis devastadas por el crimen, controladas por un régimen de tintes fascistas cuyo brazo armado es el cuerpo de Jueces, agentes que detienen a los sospechosos, dictan sentencia y, si es necesario, practican ejecuciones. Dredd es el más célebre, famoso por su extrema dureza y su estricta aplicación de la ley, exagerada incluso para sus compañeros.


En 1995 el personaje fue llevado al cine por primera vez en una superproducción protagonizada por Silvester Stallone que, en sí misma, era una película mediocre, además de traicionar el espíritu violento y el humor negro de los comics. Por si fuera poco, Stallone rompía una de las reglas de oro del personaje, actuando a cara descubierta durante gran parte del metraje. Y es que si algo caracteriza al Juez Dredd es que, en sus 35 años de existencia, jamás se le ha dibujado sin su característico casco. Lo único que los lectores conocen de él es su mentón cuadrado y su marcada mueca de mala leche.

El protagonista Karl Urban, arma (y mueca) en ristre.
La nueva versión de 2012 está realizada por un equipo británico, con el director Pete Travis y el guionista Alex Garland a la cabeza, por lo que el respeto hacia el personaje es mayor. Karl Urban acepta el reto de mantener su rostro oculto, limitarse a hablar con monosílabos y forzar los músculos faciales hasta extremos absurdos para lograr mantener la famosa mueca del personaje.

Como contrapunto, Olivia Thirlby encarna a Anderson, una joven aspirante a juez con capacidades telepáticas que debe acompañar a Dredd durante una jornada a modo de prueba para lograr su placa. Dado que el protagonista es una figura tan estoica y monolítica, este personaje femenino es el único asidero que tiene el público para identificarse con alguien. Así, a lo largo de la cinta veremos como pasa de ser una asustadiza novata a convertirse en una dura luchadora.

El problema de la cinta es que, si bien el apartado de personajes está relativamente bien resuelto, no ocurre lo mismo con la historia. Básicamente, la cosa va de que los dos protagonistas se quedan encerrados en un enorme edificio de 200 plantas llenas de maleantes y tienen que abrirse paso a tiro limpio hasta eliminar a la líder de los malos, la traficante de drogas Ma Ma, papel muy bien resuelto por Lena Headey, que en lugar de caer en el tópico del villano histriónico y chillón, actúa con una parsimonia que sugiere tanto una adicción a las drogas como un profundo nihilismo.

El poster es tan espectacular como falaz:
esas torres quemadas prometen más
espectáculo del que da la cinta.

La cinta ha costado 45 millones de dólares. No es una superproducción pero tampoco es exactamente una modesta serie B. Por ello, el argumento de la cinta podría haber estado muy bien para el episodio piloto de una hipotética serie televisiva, pero como largometraje cinematográfico esperaba algo más elaborado, sobre todo si tenemos en cuenta que hay muchísimas historias del personaje que podrían servir como base para una película.

Parte del problema es que se han gastado mucho dinero en ilustrar los efectos del Slo Mo, la droga con la que trafica la villana, cuyo efecto es ralentizar la percepción del tiempo a quien la toma, de modo que un segundo parece durar una eternidad. Vamos, una estupidez: estamos hablando de un futuro de mierda donde todo está hecho polvo ¿y la gente paga por colgarse con una sustancia que le hace vivir esa realidad aún más lentamente?

Entendería que abusaran de alucinógenos u otras materias más recreativas, pero está claro que la razón de ser de esa droga es que el director pudiera diseñar unos cuantos planos a cámara super lenta. Y es verdad que los dos primeros son visualmente impactantes, pero al cuarto empiezan a provocar bostezos. Si lo que se gastaron en esos planos lo hubieran invertido en un par de decorados y vistas digitales de la ciudad, sin duda la cinta habría ganado en escala.

La película es muy violenta y no hace ascos a mostrar cómo los sesos vuelan por los aires o una bala destroza una mandíbula. Sin embargo, las escenas de acción no están excesivamente bien coreografiadas. Y claro: si el 50% de la película está basada en tiroteos y éstos no son especialmente vistosos, pues es evidente que falla algo.

Otro aspecto discutible, y que lo emparenta con la infausta versión de 1995, es que la película carece de la ironía y humor negro del cómic. En las viñetas, Dredd es el protagonista pero también el ejemplo de un estado totalitario nada deseable, por lo que suele haber una crítica implícita a lo que representa, ejemplificada por el caracter obstinado e implacable del juez. En cambio, en las dos películas se acepta tácitamente que el personaje es un héroe, por lo que se pierde una parte importante del subtexto de la obra original.

Thirlby y Urban: ¿la bella y la bestia?
Al menos el aspecto visual es excelente, gracias a la fotografia de Anthony Dod Mantle, deliberadamente sucia y en tonos amarillentos y pardos que ayudan a transmitir la sordidez del ambiente. La música de Paul Leonard-Morgan,  a base de acordes electrónicos repetitivos, es bastante rudimentaria y simplona y adolece de la falta de un tema retentivo para el protagonista, pero ayuda a crear un clima opresivo (en algunos pasajes recuerda a los trabajos de John Carpenter).

En suma, "Dredd" acierta en la caracterización y en el tono visual de la cinta, pero desaprovecha las posibilidades argumentales que ofrece el cómic y como espectáculo de acción dista mucho de ser todo lo excitante que cabría esperar. Por ello, la cinta definitiva del personaje aún no se ha producido: sería una que combinara el sentido del espectáculo de la primera versión de Stallone, con la dureza y personajes de la cinta de 2012. Aunque por Internet ya está circulando un chascarrillo que afirma que la adaptación ideal del personaje sí existe: "Robocop", de Paul Verhoeven.