lunes, 18 de junio de 2012

¿Qué más quieres, Mercado?

Dímelo, pues no te comprendo. Pides, exiges, pero cuando se te da, aún quieres más. Nunca he sido un experto en economía, pero cada vez que me asomo a tan intricado mundo, refrendo mi creencia en que se trata de un juego de trileros en el que todos, ya sean estados o personas, hemos depositado nuestro dinero ciegamente. Y ahora pagamos las consecuencias, pues quien confía en jugadores, siempre acaba desplumado.


Decían que Irlanda, Portugal, Grecia e Italia eran peligrosas para el euro. Reclamaron sus cabezas y las tuvieron mediante intervención. Y no pasó nada.

Los siguientes fuimos nosotros: se nos obligó a pedir un préstamo envenenado que sin duda nos atará durante décadas, y lo aceptamos ufanos. Pero la presión de los mercados siguió ahí.

Ayer se reclamaba un vuelco electoral en Grecia que aupara a los eurófilos al gobierno, y parece que se logró a trancas y barrancas. Pero eso hoy también les ha dado igual a esos inversores que tienen a un continente a su merced.

Se hace lo que se pide y no sirve de nada.

En este punto, cual héroes de tragedia griega, sólo nos queda clamar al dios Mercado implorando su piedad. Pero me da a mí que el muy cabrón se va a descojonar de nosotros desde su ático de Wall Street, mucho más alto y sagrado que el mismísimo Olimpo.

Porque sospecho que esos ocultos brokers de bolsa, esos respetabilísimos jugadores de los mercados, están forzando la máquina para que la Unión Europea caiga.

Ya se sabe que la apuesta mejor pagada es la que favorece al contrincante aparentemente más débil. Y en un contexto en el que todos los esfuerzos, incluidos los de Estados Unidos de América, están puestos en la salvación del viejo continente, el bolichazo lo pegarán quienes naveguen a contracorriente. Millones perderemos si esto se hunde, pero unos pocos ganarán lo que no está escrito si se produce la catástrofe.

Y por otro lado está la mezquindad de algunos que han visto en esta situación la oportunidad para reforzar su posición continental y arrobarse mayor poder. Sí, no te hagas la tonta, lo digo por tí, Angela.

Muy ingenuamente pienso que no debería ser tan difícil atajar esta clima de hostilidad bursátil hacia la eurozona. Que si los países actuaran con decisión y remaran con el mismo rumbo sin titubeos, el barco permanecería estable. E incluso que si hubiera arrestos, legislarían para acotar y limitar la actuación de estos inversores temerarios que han puesto en jaque la economía global.

(Sí, hablo de intervencionismo, ese concepto tan denostado en nuestro neoliberal presente: disculpen por tamaño sacrilegio).

Pero claro, seguramente digo estas cosas porque no entiendo de economía. Así que me voy de vuelta a mi altar a seguir encomendándome a los arcanos. Porque a este paso, ya sólo nos quedará sacrificar vírgenes a ver si esto se soluciona.