viernes, 2 de noviembre de 2012

"Skyfall": Mi nombre es Bond... y soy alcohólico

Poster de la película. Los diseñadores no
es que se hayan matado, precisamente...


Cuando escuché hace un par de semanas la canción de Adele para "Skyfall", reconozco que no quedé muy impresionado. Si bien superaba con creces el horror perpetrado por Alicia Keys y Jack White para "Quantum of Solace", el resultado me pareció algo facilón y tópico, pero sobre todo demasiado melodramático y deprimente para las aventuras de 007. Sin embargo, una vez vista la película, admito que la melodía le sienta como un guante a una cinta formalmente brillante, entretenida y llena de acción,  pero con un regusto amargo, casi trágico, que la convierten en el episodio más circunspecto de la serie.

Otras cintas del personaje han explotado su frivolidad y naturaleza puramente espectacular. Al igual que en cualquier entrega de Indiana Jones o Misión Imposible, lo que siempre se ha pretendido con James Bond es que el espectador salga de la sala emocionado tras haber pasado dos horas divertidas sin complicarse demasiado. Sin embargo, la llegada de Daniel Craig como protagonista ha impuesto una variación tonal que ya se intuía en su debut como 007 pero que en esta entrega queda perfectamente delimitado. Por ello, "Skyfall" se emparenta con los thrillers americanos de los años 70, en los que la acción convivía con el drama y la ambigüedad moral, más que con las propias películas de la serie, especialmente las protagonizadas por Roger Moore y Pierce Brosnan.

Ya es habitual que cada actor imponga al personaje su ADN, y está claro que nadie esperaba de Craig el tono irónico de Moore o el atildado de Brosnan. De hecho, el cambio de orientación del personaje ha supuesto un soplo de aire fresco para la franquicia, de modo que en solo tres películas ha logrado convertirse por consenso en el segundo mejor Bond de todos (Connery es intocable). Lo mismo sucede con sus cintas: "Casino Royale " y esta "Skyfall" se colocan por méritos propios entre las mejores entregas de la serie, y acaso sean las que más lo respetan y desarrollan como personaje. (Mejor nos olvidamos de "Quantum of Solace", aunque hay que admitir que es bastante más potable que muchas de las entregas de Brosnan).

Con "Skyfall" se ha dado un paso de gigante en la caracterización de 007 que va a ser muy difícil de obviar en el futuro. Este nuevo Bond sigue siendo tan letal y mujeriego como siempre, pero ahora se nos permite vislumbrar por qué es así y, además, lejos de poner su actitud como ejemplo de heroísmo, es continuamente cuestionado y hasta se atisba su lado oscuro: en algún momento de la cinta se lo retrata como a un alcohólico que durante su tiempo libre cae en una suerte de hedonismo depresivo. Bond no es agente secreto por patriotismo o sentido del deber, sino porque el M16 es lo más cercano que ha tenido a una familia y sin él se convertiría en un despojo humano.

El nuevo Bond ya no se limita a lucir
un traje o un smoking...
También ha variado el sex appeal de la serie: sigue habiendo chicas Bond buenorras, pero ahora el reclamo sexual de la saga es el propio Daniel Craig. Los títulos de crédito inciden una y otra vez en sus espectaculares ojos azules y siempre que hay oportunidad, lo sacan luciendo pectorales, incluso en una gratuita escena en la que practica la natación que está claramente ubicada en la cinta para poder lucir el palmito del actor. Nada que objetar: antes 007 era un producto casi exclusivo para hombres, excesivamente sexista por su profusión de mujeres florero, y ahora añade a la ecuación un poquito de carnaza para el público femenino o incluso el gay, que también tienen bajos instintos que alimentar.

Gran mérito del cambio lo tiene, obviamente, los guionistas. Neal Purvis y Robert Wade han participado tanto en los libretos de la era Craig como en los anteriores, mucho más estilo comic, de la era Brosnan. Así que es de suponer que su trabajo ha estado en gran medida determinado por la voluntad de los productores, que le han solicitado ir hacia un tono u otro. En esta ocasión han contado con la ayuda de John Logan, autor de guiones como los de "Un domingo cualquiera", "Gladiator" o "La invención de Hugo", y ya se ha confirmado que firmará las dos próximas entregas de personaje. La cosa promete.

"Skyfall" contiene el habitual muestrario de escenas de acción perfectamente rodadas y que, afortunadamente, se alejan del mareante estilo "cámara en mano" impuesto por la saga de Jason Bourne. La cinta se ha beneficiado claramente de la incorporación de Sam Mendes como director. Hombre de teatro y de películas "de personajes" como "American Beauty" o "Revolutionary Road", su dirección de actores ha logrado que algunas escenas de diálogo sean tan emocionantes como las de tiros: la tensa conversación en la que Mallory (Ralph Fiennes) cuestiona la profesionalidad de M (Judi Dench) o la que ésta mantiene con Bond acerca de su pasado y condición de huérfano son buenos ejemplos.

Javier Bardem, un villano con toques de personaje trágico,
psicópata... y reinona
Pero sin duda, los momentos más brillantes desde el punto de vista interpretativo son los de Javier Bardem como el villano Silva. Sí, es tan bueno como dicen, y que conste que era bastante reticente a creerlo, ya que temía cierto chauvinismo patriotero ante tanta alabanza al actor español. Pero la verdad es que da con el tono: es exagerado y melodramático sin llegar a resultar ridículo. Su primera aparición lo muestra como un personaje siniestro y a la vez juguetón, con un perverso sentido del humor, e incluso lascivo. Poco a poco, irá demostrando también un carácter angustiado y trágico, por lo que es uno de las villanos más comprensibles de la saga: realmente, una vez conocida su historia, entendemos perfectamente que quiera destruir a M.

La presentación que se hace de Bardem, por otro lado, es un perfecto ejemplo del excelente trabajo de puesta en escena de Mendes, y en la confianza que tiene en sus actores: lejos de dejarse caer en efectismos y composiciones raras, el realizador deja la cámara quieta en un plano fijo de más de dos minutos de duración, y deja que sea Bardem quien se aproxima a la cámara lentamente mientras relata a Bond una inquietante historia. Poco a poco, la cámara inicia un imperceptible travelling que termina en un primer plano del villano justo en el momento en que su historia ha alcanzado su parte más truculenta. Habría sido muy fácil recurrir a contraplanos de Bond escuchando, con la idea de darle más ritmo a la composición, pero Medes tiene las agallas de mantener el plano.

Otro punto fuerte de la cinta es la presencia del operador habitual de Medes y de los Hermanos Coen a cargo de la imagen. Roger Deakins ha logrado la fotografía más preciosista de toda la serie. En ocasiones se le va la mano: la llegada de Bond al casino de Macao en una barcaza, iluminado de rojo, es demasiado perfecta, casi un anuncio de perfume pijo. En cambio, el clímax en los páramos de Escocia, rodado de noche e iluminado únicamente con la luz de un incendio es espectacular, aportando además un dramatismo adicional a la escena . Pero mi momento favorito es la pelea entre Bond y el francotirador en un rascacielos de Hong Kong: además de que rodar eso debió ser una pesadilla logística con tantos cristales y reflejos, el resultado, con las siluetas en contraluz dándose de piñas mientras al fondo los neones cambian de dibujo, es estéticamente impactante.

Ralph Fiennes y Judi Dench, dos puntos fuertes de la cinta
En cambio, esperaba más de otro de los colaboradores de Mendes que se han sumado a esta aventura, el compositor Thomas Newman. En su descargo, debo decir que la música de James Bond está tan codificada que cualquier intento de salirse del canon puede resultar peligroso: a Eric Serrá todavía le están cayendo collejas por su atrevida partitura para "Goldeneye". Aquí Newman logra colar de vez en cuando alguna de sus instrumentaciones poco habituales, como la mandolina cuando Bond está pasando las pruebas físicas o la percusión exótica en las escenas orientales. Pero, aún siendo un trabajo efectivo con algún momento brillante,  no logra borrar los buenos recuerdos que ha dejado David Arnold en sus tradicionales, pero efectivos, scores para las anteriores cintas de la saga.

"Skyfall" es, en suma, una excelente película por méritos propios, independientemente de su condición de nueva entrega de las aventuras de James Bond. Es cierto que no puede evitar caer en algunos clichés por otro lado imaginables al ser parte de una serie tan longeva, pero le aporta una nueva visión más adulta, sin renunciar al sentido del espectáculo y a la emoción. Sólo que la frivolidad ha dejado paso al psicoanálisis. Lo que está claro es que han dejado el listón muy alto para las siguientes aventuras del personaje.