lunes, 28 de enero de 2013

"El lado bueno de las cosas": La Tragicomedia Molona de 2013

Creo que ya es hora de que a la clasificación tradicional de los géneros cinematográficos de Hollywood (ya saben: comedia, drama, western, bélico, terror...) añadamos cierto tipo de película que han proliferado los últimos 30 años, especialmente en fechas cercanas a los premios Oscar. Me refiero a lo que podríamos calificar como la "Tragicomedia Molona de Temporada". Saben perfectamente a qué me refiero: ese género nacido más o menos con "La fuerza del cariño" (1983) de películas de ambientación contemporánea en las que hay risas (sin pasarse) pero también drama (a veces con momentos lagrimón), muchas veces basadas en novelas, centradas en núcleos familiares con algún elemento fuera de lo común (un hijo enfermo, una madre loca, un padre con algún hobby estrambótico), bien actuadas, con diálogos ingeniosos, con un aire de buenrrollismo general que lo inunda todo y que se suelen definir con adjetivos como "honestas", "maduras", "sensibles",  "alternativas" o, incluso, "independientes".



Ejemplos los ha habido bastantes en las carteleras recientes: "Los descendientes, " (2011), "Los chicos están bien" (2010), "Up in the Air" (2009), "Juno" (2007), "Pequeña Miss Sunshine" (2006), "Entre copas" (2004), "Lost in Translation" (2003), "American Beauty" (1999), "Mejor imposible" (1997), o "Jerry Maguire" (1996). Pues a la lista ya podemos incluir el ejemplar a concurso de 2013: "El lado bueno de las cosas".

El glamouroso look de Cooper durante gran parte del metraje
No me entiendan mal: es una buena película (a ratos excelentes), como lo son en su gran mayoría el resto de títulos que mencioné. Es sólo que no me creo ese aire de "Hey, que esto es una peli especial, no es la clase de basura que hacen en Hollywood, nosotros molamos y hasta sacamos feote a Bradley Cooper para que vean lo súper comprometidos que estamos con la realidad, el drama y la cosa". En el fondo, bajo tanta cámara en mano y loa a la cotidianidad, se esconde un modelo tan estudiado como pueda haberlo en películas-fórmula tipo "La jungla letal VIII" o "Dos tontos de resaca".

Pero, al margen de estas consideraciones, lo que suele destacar de estas cintas es que narran situaciones no del todo comunes, pero que en el fondo podrían pasarle a acualquiera. En este caso, tenemos a un profesor de instituto que, tras tener un grave ataque de agresividad al descubrir a su mujer con otro, es encerrado en un hospital psiquiátrico durante ocho meses, en donde se le descubre un trastorno bipolar que no le había sido diagnosticado anteriormente. La cinta narra el retorno de este personaje a casa y cómo intenta adaptarse a la rutina de vivir nuevamente con sus padres (Jacki Weaver y un Robert de Niro que dicen que ha vuelto a la grandeza con este papel, pero que a mí me parece que tiene la misma cara trincada y boca torcida hacia abajo de "Una terapia peligrosa").

Sobran las palabras, ¿no?
En esa nueva vida conocerá a Tiffany, una atractiva y joven viuda interpretada por Jennifer Lawrence, que en principio parece demasiado joven para el papel y sin embargo muestra una excelente química con el protagonista, un igualmente ajustado Bradley Cooper que podría fácilmente haberse marcado un Sean Penn con este papel y sin embargo sabe modular muy bien los ataques de ira, euforia y apatía de su herido personaje. La relación de ambos es la base que sustenta el film, y resulta muy divertido ver sus evoluciones disfuncionales, primero haciendo footing y luego presentándose a un concurso de baile, sin olvidar esa delirante cena "romántica" en la que él pide... un bol de cereales. Por supuesto, no hace falta ser muy imaginativo para deducir qué va a ocurrir con ambos.

Son malos tiempos para los buenos guiones en Hollywood (sin duda Billy Wilder, Julius Epstein o Ben Hecht estarían hoy en día en el paro): en las películas de acción los personajes no hablan y en las comedias comerciales no dialogan de verdad, sino que sueltan un chiste tras de otro sin intentar que ello parezca una conversación veraz. Por ello, géneros como el drama se han refugiado en la pequeña pantalla y, por tanto, estas "Tragicomedias Molonas de Temporada" son de las pocas oportunidades que poseen los actores de Hollywood para actuar de verdad y transmitir emociones cercanas.

De Niro, en uno de los planos en los que menos "caritrincado"
aparece
En este sentido, "El lado bueno de las cosas" no defrauda y contiene un par de escenas de alto voltaje emocional a las que el director y guionista David O. Russell sabe imprimir el tono adecuado, sin llegar nunca a caer en excesos lacrimógenos o tremendismos vacuos. Quizás podamos achacarle que el final resulte demasiado "peliculero" y abandone por momentos el territorio Sundance para adentrarse en la oscura ciénaga Bullock Witherspoon, si bien es sólo un momento y, reconozcámoslo, es lo que deseábamos cuando llegamos a esa altura del metraje.

Se trata, pues, de una película en la que destacan los diálogos y la interpretación de sus dos protagonistas, con la que resulta fácil empatizar porque nos presenta otra de esas familias tan aparentemente normales en su anormalidad que nos permiten pensar, mientras la vemos, "Vaya, eso me suena de mi tío Mengano" o, incluso: "Caray, pues mi gente no está tan mal del todo en comparación a esta". Por ello (y a pesar de que mis primero párrafos podrían sugerir lo contrario), ¡ojalá hicieran más "Tragicomedias Molonas de Temporada" como esta!

(P.D. Frívola: Si no sale enamorado de Jennifer Lawrence tras ver la película, es que es usted un mal heterosexual o una mala homosexual).